jueves, 31 de marzo de 2011

Uruguay: Opinión sobre la visita del Presidente

En estos días siento gran preocupación por los momentos políticos que se están viviendo, quizás, como la mayoría de los uruguayos. Como todos, escucho los informativos, leo algo de prensa, y estoy en condiciones de interpretar, opinar y expresar lo que observo, con mucha modestia. Y opino que hay dos hechos políticos e ideológicos en el país que no sólo han concitado la atención de todos, sino nos han dejado perplejos. Y empleo éste termino pensando en el impacto que nos han causado, y que si bien, éstas acciones no se catalogan de violentas, nos han hecho pensar, repensar, interpretar y ubicarlas con la centralidad que tienen. Me refiero al hecho de la existencia o no del video, y la visita a Dalmao, protagonizada nada más, ni nada menos, por el mayor jerarca político de la República, - a quien voté-, porque soy frenteamplista desde su fundación, razón que explica esta preocupación. Pero lo que me interesa reflexionar, ahora, son las actitudes de un presidente, cuyo comportamiento es contradictorio, incoherente, y hasta se podría decir fuera de control. Y no me voy a referir al caso del video que daría para escribir muchas hojas, y no tengo talento para ello. Pero ¿ Porqué quiero opinar sobre la visita ? En primer lugar, porque creo ser fielmente frenteamplista; porque creo fielmente en el Programa del FA, como un instrumento válido y viable; porque defiendo, como tantos uruguayos, los Derechos Humanos como una garantía para construir democracia y ciudadanía. Porque viví la dictadura, y el costo fueron seis años de cárcel. Pero, lo que más me ha movilizado y me ha hecho pensar, y no puedo ni quiero olvidar, es que fui amiga de Nibia Sabalzagaray, militamos años, y el día anterior a que la asesinaran, estuvimos juntas en mi casa, y nos despedimos como todos los días. Ninguna de las dos imaginó que ese sería el último adiós que nos daríamos. No se trata sólo de sentimientos, se trata de algo más profundo. No se trata de llorar la pérdida de alguien a quien amé, se trata de comprobar y verificar la falta total y absoluta de respeto por los sentimientos de los ciudadanos /as uruguayos/as, de los amigos/as de Nibia, de la familia, y de todos/as que de alguna forma, estuvimos vinculados. Se trata del dolor, del malestar y del rechazo que produce, que alguien a quien le confiamos la mayor responsabilidad política del país, cambie de revolución a desrevolución, de valores por antivalores (si los tuvo) y se preste a actitudes tan infames como ésta. ¡ No me olvido¡, ¡ No quiero olvidarme¡ ¡ que es el presidente del Uruguay, representante de la izquierda uruguaya. ¿Porqué le preocupa tanto al presidente las condiciones en que se encuentra Dalmao?. ¿Cuáles son los móviles que lo llevan a cometer esta acción?. ¿Qué hay detrás de estas actitudes? ¿Por qué le sobrevino este empuje y preocupación por los Derechos Humanos, cuando él mismo ha tenido una actitud de prescindencia en torno al tema, y ha bregado para que cientos de víctimas no fueran reparados? Quizás conviene recordar que cuando los uruguayos peleábamos en las calles por el ¡SI¡, fue a firmar al final de la campaña, cuando su candidatura era ya un hecho, o que no ha hecho nada por años, para que esta monstruosidad que es la ley de Caducidad fuera borrada de la faz de la tierra, que ni siquiera la mencionó durante su campaña y después tampoco. Me niego a pensar que es una incoherencia de un viejito chocho- como diría él- que se olvida de los hechos. Creo que es mucho más que eso. Creo que hay coherencia en el hecho, porque el Presidente perdió el tren de la revolución, y hoy, lamentablemente, no es revolucionario, ni progresista, ni social demócrata, sino es, un señor mayor, que trata de hablar mal para que los “pobres” lo entiendan, y no perder votos. No lo digo con placer, sino con dolor, y tengo muchos años encima, experiencia de vida que me permite calibrar cada acontecimiento que enfrento, pero tengo derecho como ciudadana a expresar lo que siento y también, a tener bronca y dolor. Pero tengo otras preocupaciones mayores, y es que le diremos a la familia de Nibia, a Juan, a Estela, a sus sobrinos y otros familiares, como los saludaremos y acompañaremos, como los miraremos y estaremos a su lado. ¡Siento vergüenza, una gran vergüenza¡ Y siento que, cuando se pierde la dignidad, la responsabilidad, la coherencia, se está perdiendo parte de la historia. Una historia marcada a fuego, con pérdidas irreparables como la de Nibia y otros tantos/as compañeras/os, nuestros desaparecidos, y de todos los que lucharon. Y sólo nos salvará de un juicio severo de las generaciones que vendrán, y de la historia, si tenemos una actitud de principios, y actuamos con una ética comprometida y responsable. Aprovecho para reafirmar frente a todos, mi compromiso con la esperanza y con la vida, y expreso la necesidad de que no perdamos el vínculo fraterno, la solidaridad, las voces y los gritos, la fuerza que nos hizo sobrevivir al espanto de la tortura y la cárcel, y que nos encontremos nuevamente luchando por los derechos y la vida. Mirta Macedo

miércoles, 30 de marzo de 2011

"Un film que avergüenza"

Por qué afirmo que avergüenza el film “Decile a Mario que no Vuelva” del realizador uruguayo Mario Handler, presentado en el “1º Festival de Cine Político en Buenos Aires”. Avergüenza porque exhibe -en igualdad de condiciones- imágenes visuales con las expresiones más degradantes de los exponentes de la última dictadura uruguaya junto a sus víctimas, porque muestra en un primer plano a dignos referentes populares, como Mauricio Rosencof y otros, junto a delatores, ‘servicios’ y torturadores que pueden exponer sin pudor y sin vergüenza las tácticas del genocidio. Los tenebrosos personajes manchan sin ningún tipo de censura, por parte del realizador, la dignidad del las víctimas, especialmente a las mujeres; cuando muestra los argumentos del ‘servicio’ que afirma que las violaciones ocurrían producto de las provocaciones de las secuestradas con sus carceleros y que éstas incitaban a sus verdugos e insinúa que lo hacían por ‘sequía’ sexual. Handler es el exponente en el cine –conciente o no- de una tendencia política en el Uruguay que apunta a corroer por dentro los esfuerzos por hacer justicia con los genocidas que malograron los ‘sueños’ de los setenta y nos impusieron la pesadilla neoliberal; que hoy hacemos retroceder en toda América Latina. Pero además (por lo que pude apreciar en un breve diálogo con el realizador) es prisionero de la filosofía posmoderna, que con supuesta base científica afirma la necesaria prescindencia de los juicios de valor o ideológicos en la producción artística o científica, en contra del pensamiento comprometido con una determinada visión de la vida, de las cosas o del arte. La ‘cámara neutra’ que reivindicó, ante quien suscribe este escrito, el realizador uruguayo no impide su ‘visión intencionada’, que es colaborar con quienes quieren borrar los enfrentamientos de ayer con el ‘libreto de la reconciliación’ en la mano. Consigna que el cineasta hace explícita como uno de los objetivos del film. La ‘cámara neutra’ de Handler ‘no hace ninguna mueca’ de rechazo o desaprobación cuando uno de sus personajes expone las miserias de la cobardía con el peor lenguaje. Todo el film está bajo el influjo de una ‘estética’ y una ‘poética’ de la neutralidad valorativa. Juicio ‘poético/estético’ que se ha instalado hasta el presente con la ‘filosofía’ del “fin del arte”, “fin de la historia” y tantos otros ‘fines’, de la intención posmoderna, por borrar el horizonte ideológico del compromiso y de la esperanza en las artes y las ciencias. No se conoce desde la poética de Aristóteles en adelante, ningún periodo intermedio de mayor descenso del pensamiento, pasando por Brunelleschi, Alberti (León Battista), Hegel o Trías por mencionar un contemporáneo; de aridez en los juicios y la producción ‘teórica’ sobre el arte (también en las ciencias) que en la ‘filosofía’ posmoderna. Es mayor el contraste cuando se presenta este film, que criticamos, en Buenos Aires. Ciudad que fue y es la vanguardia en la lucha latinoamericana por hacer justicia con los genocidas de ayer e incluso avanza contra sus cómplices No censuro los recursos visuales (sean éstos cuales fueren) del cineasta, sino que estén puestos con ‘sentido neutro’ y al servicio de un explícito objetivo de reconciliación -con los genocidas- como los muestra el film. Los personajes de Handler (que son los esbirros reales de la dictadura y no de ficción) debieran estar, no en el film sino, en un presidio o por lo menos denunciados por el cineasta por apología del crimen y el genocidio. Colen Grant Buenos Aires, marzo 29 de 2011.